miércoles, 30 de marzo de 2011

La agresión a Libia: El despojo se sitúa en África

La aventura bélica de las potencias occidentales en el norte de África encabezada por EUA, Reino Unido y Francia, es constituida por un elemento central evidente y consustancial este tipo de agresiones: el potencial económico altamente lucrativo que subyace a las regiones en disputa. Más claro ni el agua.
Libia flota sobre enormes depósitos de petróleo y gas, activos naturales siempre codiciados por los poderíos económicos de las naciones industrializadas. Qué mejor, entonces, que aprovechar una coyuntura política explosiva e inestable para emprender una ofensiva militar, justificada con el vetusto argumento, casi cliché, que versa sobre defender la preeminencia de los valores de la democracia y la libertad. No todos se tragan alucinante embuste. Una utopía por fin alcanzada, sería que los países injerencistas fueran animados por genuinos sentimientos de empatía y justica, orillados, por lo tanto, a velar por el interés legítimo de un pueblo que lucha por la regeneración, por la auténtica libertad, y que se encuentra a medio mundo de distancia. Eso, sin mencionar los costos millonarios que conllevan operaciones militares de asedio, porque si su compromiso es real, entonces han ignorado sistemáticamente la abundancia de lugares esparcidos en el mundo en donde sacrificar millones en razón de la eficiencia y las buenas causas. Hay más lugares donde mucha más gente muere, ya sea por hambre o por guerra; pero no, tuvieron que fijarse en Libia. Que Libia sea un país rico en minerales e hidrocarburos, es meramente circunstancial, dicen. No les creo.
Amenazan enardecidos, supuestamente ultrajados por las muertes de los opositores a Gadafi, pero ni una sola condena para los esbirros de Yemen, Bahréin, Jordania, Omán, Marruecos y demás, que nerviosos ante las revueltas libertarias que se extienden por el mundo árabe, optan sin empacho por reprimir y abrir fuego sobre manifestantes que proclaman el fin de la farsa “civilizante” del islamismo bien portado. Todo toma sentido al saber que ciertos países con beneplácito de las potencias occidentales en El Magreb (noroeste de África) y Oriente Medio, son gobernados por adineradas élites monárquicas o por viciados y disfuncionales sistemas republicanos (como en México) dóciles al concierto de Occidente. Ahí, donde las cúpulas aglutinan fortunas estratosféricas de miles de millones de dólares, mientras que las masas, casi todas ignaras y pasivas, permanecen asidas a un pasado de subdesarrollo, llevando consigo toda imposibilidad para que el germen de la conciencia y organización políticas maduren…Cualquier parecido con nuestra realidad doméstica, no es mera coincidencia.
Los que ahora se apostan como centinelas de las mejores tradiciones son los mismos que hace medio siglo bañaron en sangre a Asia y África, combatiendo la odisea de emancipación y el espíritu anticolonialista de pueblos varios; son los mismos que patrocinaron y ungieron la plaga dictatorial que infestó América Latina durante décadas, dejando un rastro de centenares de miles de muertos y desaparecidos; son los mismos que contraviniendo toda legalidad internacional, apoyados en el engaño y la mentira como después se comprobó, y amparados en la lucrativa política del culto al terror, llevaron adelante la invasión a Irak (con sus Un millón de muertos, la mayoría civiles, según IBC) de 2003, materializada con el pretexto perfecto de combatir la dictadura atroz de Sadam Hussein, que según ellos representaba una amenaza a la paz galáctica dado su belicismo hipotéticamente nuclear. Todo ha sido una mentira vil, todo. Y ahora nos dicen que se arrojan al mar, repleto de tiburones, con la única intención de salvar al pueblo libio de un déspota. Por Dios, ¡cuán valientes y magnánimos! El mismísimo San Pedro los aguardará a las puertas del paraíso.
La lucha del pueblo Libio contra del autócrata de Sirte, en el poder desde 1969, debe ser exigida hasta el último momento, hasta el último aliento, más no pueden permitir un error tal como la indolencia frente a la intrusión de intereses extraños en una revolución netamente africana, libia. Hoy empiezan con bombardeos; mañana darán forma a una Libia en función de intereses espurios, copando el escenario político, influyéndolo todo y arrebatando las riquezas naturales de esa tierra. Conocemos la receta perfectamente, basta con ceñirnos a la experiencia iraquí.
Libia debe ser peleada por libios para los libios y, la comunidad internacional, debiera respaldar la lucha con métodos de presión política, diplomática y económica efectivos, que en esta crisis, por el contrario, han sido con prontitud desestimados en favor de métodos intervencionistas. No lo hicieron así con sus otrora aliados, los “buenos” dictadores de Túnez y Egipto, ahora yacidos en desgracia y huida. Criterios opuestos para escenarios del mismo orden, vamos. Allí está la burla. Por eso y más, no les creo.
Tristemente, todo apunta que asistiremos por enésima ocasión al sometimiento de un pueblo frente al hábito de total indiferencia típico de las sociedades occidentales, que imbuidas en su propio ego y autosatisfacción, son incapaces siquiera de inquietarse con lo que pasa más allá de sus narices.

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